El jardín de los libros prohibidos (II)

(...) Cuando el hombre hubo terminado de relatar su historia, Adela le abrazó, ya no sentía el frío, ni la lluvia resbalando por su rostro, estaba anestesiada asimilando la historia recién contada. ¿Cómo podía ser todo aquello? Antes de despedirse para siempre, el joven le dio una pequeña caja, bonita y elegante que se guardó en el bolsillo. … Continúa leyendo El jardín de los libros prohibidos (II)

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Mayo en la serranía toledana

"Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!..."